Furnace Creek 508 – 2010 – Última parte

31 10 2010

Race Day

El auto había quedado parcialmente cargado y terminaron de acomodarlo con Ezequiel y Jorge bien temprano ni bien llegaron.

Mientras tanto yo desayuné e hice mi obligado paso por el baño. No faltaba nada.

Largábamos a las 7.

Breves palabras del organizador Chris Kostman, himno gringo y largamos!

Mi estrategia original era tratar de hacer 400 km para las 12 de la noche del sábado y tirarme a dormir 3 horitas para luego tratar de hacer el resto.

Estuve discutiendo esto durante la noche del jueves con John y Darwin quienes me sugirieron dormir únicamente 15 minutos como para “lavar” el cerebro. Eso es lo que hacía la mayoría y a lo sumo una segunda siesta si no dabas más.

También lo discutí con Jeff mientras comíamos en la noche del viernes. Agregó que el solo paraba si eso le garantizaba que después iba a ir más rápido como para compensar los minutos perdidos.

Otro de las sugerencias fue la que le habían dado a él cuando corrió por primera vez y era no largar a fondo si no más bien conservador. De esa manera no solo iba a durar sino que iba a pasar a varios.

La carrera se dividía en 7 etapas todas ellas con distinta distancia.

La primera desde Santa Clarita hasta California City con 83,6 millas, casi 135 km.

Volviendo a la largada, los primeros 40 km aproximadamente eran sin asistencia ya que en parte se hacían dentro de Santa Clarita y luego era complicado recibir nada porque estábamos muy cerca unos de otros.

De entrada falsos planos y trepadas suaves. Saliendo de Santa Clarita entramos a rutas alternativas con interesantes trepadas como para entrar en calor.

Pasaba a algunos y era pasado por otros. En una de las trepadas me crucé con Andi Ramer. Muy buena ciclista que también había participado en agosto del Ultraman Canada.

Me contó que el año pasado no había podido terminar y que venía por la revancha.

Esta zona tuvo bastante trepada pero lo que más me llamó la atención fue la humedad. Había algo de vegetación pero no era para tanto. Estando en el desierto uno espera calor seco y esta humedad me hizo transpirar muchísimos.

Faltaba poco para encontrarme con la tripulación. 50 metros antes hay una señal de stop y era obligación respetarla. Andi me pegó un grito y no llegué a entenderle.

Después me di cuenta que lo que me había dicho era que pusiera el plato chico porque después del Stop había un repecho difícil.

Cambio de caramañolas, tomé un Ensure y seguí. A los pocos metros en plena subida salta la cadena. La pongo y sigo

Más allá de las trepadas que poco a poco y sin darte cuenta te van limando, esta etapa se pasaba sin problemas.

Etapa 2 de California City hasta Trona. 70 millas, 113 km.

Comentario en la hoja de ruta, después de California City diríjase al norte sobre terreno plano en el desierto hasta la trepada Johannesburg en la milla 110. Trepará 1500 pies (457 metros) en 7 millas (11 km). La trepada en el desierto es más empinada de lo que parece y va creciendo progresivamente. Tomé mucho líquido, cada año muchos ciclistas se deshidratan aquí. Después del pico, encontrará una serie de colinas (Rolling Hills) hasta el descenso rápido a Trona.

Lo de arriba suena duro al principio y tranquilo después. Lo de tranquilo está de más.

Fue una etapa dura en serio.

En Trona sugieren a las tripulaciones que llenen el tanque y paren a comer algo. Muchos corredores también pararon. Yo opté por seguir a ritmo tranquilo.

Estaba ya en la Etapa 3, desde Trona hasta Furnace Creek . 99 millas, casi 160 km pero con unas trepadas feroces incluyendo la más dura de toda la carrera.

Fueron unos 10 ó 15 km que hice solo mientras mi tripulación reabastecía el auto y se reabastecían ellos. Eran aproximadamente las 5 de la tarde y empezaba a oscurecer.

Me sentía muy cansado y el falso plano no ayudaba. Para colmo estaba rodando solo en medio de la nada.

Empecé a venirme abajo psicológicamente y consecuentemente físicamente. Estaba muy pero muy cansado.

Llegando al km 250 me alcanzan, hago unos metros más y decido parar. Me quería ir. El circuito me estaba pasando una factura mucho más grande de la que yo había imaginado.

Bajé de la bici y me senté en el asiento del copiloto. Estaba hecho una bolsa de papas. Me sacaron los zapatos, anteojos y el casco. Me lavaron un poco con una toalla húmeda y Jeff me hizo un masaje con el que vi toda la vía láctea por lo que me dolió.

Faltaban 10 minutos para las 6 y a partir de ahí y hasta las 7 de la mañana los vehículos de apoyo debían ir por detrás del corredor, iluminándolo y protegiéndolo.

Arrancamos a las 6 en punto y encaramos la parte final del falso plano que se va transformando en una interesante trepada. Somos alcanzados por algunos de los equipos de relevo.

Eran fáciles de identificar porque al corredor se lo notaba fresquito y limpio.

Pasaba y me pasaban. Se empezó a armar un cuello de botella faltando unos 500 metros para alcanzar la cima y Jeff me dice que apure porque con los autos atrás iba a ser muy difícil pasarlos en la bajada.

Hago el esfuerzo, le meto pata y los paso. Soy cagón en las bajadas pero era tal el alivio para las piernas que le metí con todo.

En muchas secciones de la carrera la planta de los pies se me incineró. Una sensación muy fea porque no había forma de eliminarla. Tanto es así que en un momento se lo comento a Jeff y me dice “let it go”….

Me pasa generalmente que cuando salgo a hacer fondo largos, alrededor del km 120 ó 140 tengo que parar para masajearme los pies. Últimamente superé este tema usando las medias Injinji con los dedos separados. Pero parece que en FC 508 no todo es igual.

Este fuego, por llamarlo de alguna manera, terminó dejándome una lesión en las terminales nerviosas de los dedos. Todavía sentí el efecto 2 semanas después de terminada (o abandonada) la carrera. Lo que se siente son alfilerazos en forma permanente y cada tanto los dedos se duermen.

Luego de la rápida bajada con todavía algo de luz, seguía un tramo relativamente rápido en Panamint Valley

Cada tanto se veían algunas tripulaciones paradas recuperando energía.

Según el Road Book en la milla 200 o en el km 322. Kilómetro 305 según el Garmin, empezaba la trepada mas jodida de todas: Townes Pass.

13 millas (21 km) trepando 3800 pies (1160 metros). Difícil de hacer estando fresquito, mucho más con 300 km largos encima.

Los primeros 600 metros eran menos duros que los segundos en donde la inclinación estaba entre el 10 y el 13%. Creo que la primera parte era parecida a la trepada de Perú y el río y la segunda a la de Montes Grandes, la calle que termina en El Molino. Solo que ambas no tienen más de 200 metros. Duro no?

Por suerte estaba muy bien de ánimo y me permitió encarar el primer tramo en forma sólida, incluso pasando gente y alejándome de los que venían atrás.

Recién cuando la cosa se puso más empinada, las piernas pidieron pista y tuve que bajarme a caminar un poco. Me pareció mejor caminar que descansar ya que por lo menos seguía para adelante.

Tuve que parar al menos 3 ó 4 veces más antes de llegar a la cima que parecía cada vez más lejos. Les pedí música electrónica a tope para ayudarme a trepar.

Una vez alcanzada, cambié de Garmin (ya venía con 15 horas 30 de carrera) y me abrigué para la bajada.

Me saqué mal. Fui muy fuerte y en forma imprudente, no para estándares gringos sino para los nuestros. Hice un par de pasadas muy jugadas en las cuales mi tripulación no me podía seguir inmediatamente y por escasos segundos quedaba en la más absoluta oscuridad sin siquiera una referencia para saber si estaba yendo derecho o no.

El descenso de 27 km duró muy pocos minutos. Terminamos en Stovepipe Wells bajo el nivel del mar, habiendo descendido 5000 pies ó 1500 metros.

Muy lindo pedalear de noche a pesar del cansancio. Seguí pasando gente. Faltaban 42 km para llegar a Furnace Creek y terminar la etapa.

Estos kilómetros transcurrían por Death Valley y hacía calor; 35 grados y era de noche!!!

Escala técnica en Furnace Creek y a seguir.

Si recuerdan, comenté que originalmente mi idea era dormir unas 3 horas en la marca del km 400 pero que después cambié de idea porque me convencieron de seguir peleando y parar para una siesta solo 15 minutos.

No sé si fue el principio del fin pero creo que fue uno de los factores que contribuyó a que no termine la carrera.

La etapa 4 de Furnace Creek hasta Shoshone terminó siendo la última para mí.

117 Km repartidos un 60% relativamente plano (la escala del gráfico engaña) y el resto con dos trepadas muy largas de 45 kilómetros….

Encarando hacia Badwater a través del Death Valley empiezo a hacer paradas cada vez más seguidas.

Jeff me perseguía con la hidratación y como consecuencia de ello estaba parando cada 10 km. El problema es que no solo paraba por la necesidad fisiológica sino que también tenía que descansar.

Me estaba cayendo.

La velocidad promedio era cada vez más baja. Mis cuádriceps no daban más y todavía falta mucho, muchísimo.

En ese estado semi zombie fueron transcurriendo las horas sin que me diera cuenta y antes de encarar la trepada a Jubilee Pass, ya eran casi las 6 de la mañana.

No quería tomar RedBull por miedo a levantar muchas vueltas en el cuore pero estaba tan dormido y la frecuencia cardíaca era tan baja que al final lo hice y me levantó bastante.

El único problema es que no tuvo efecto sobre las piernas…

En la base de la trepada nos encontramos con un grupete que estaba saliendo del descanso y se preparaba para la subida.

En ese descanso empecé a darme cuenta que tenía la carrera en riesgo. Si seguía con ese ritmo no había forma de terminarla. Tenía que ser realista.

La primera trepada empezaba en la milla 300 (km 482…) y en 8 km se trepaban 300 metros aproximadamente. En un momento tuvimos que parar porque otra tripulación nos avisó que las luces naranjas se habían apagado. Los faroles estaban pegados con cinta, no teníamos pilas suficientes porque lo que llevó sus buenos minutos buscando por todos lados.

Me es difícil explicar en palabras lo larga que fue esta trepada, fue eterna y monótona. Con las curvas no veías cuando terminaba.

Para colmo la bajadita posterior era de solo un km y medio que se hacía en segundos y tuvo mucho gusto a poco. No daba para recuperarse.

Ahora sí venía una trepada en serio hacia Salsberry Pass. 15 km con 700 metros de desnivel y al igual que en la anterior con secciones de 5 a 5,5% de gradiente además de un asfalto en estado lamentable.

Tuve que caminar un par de veces y en una de ellas me acompañó Jeff y me preguntó cómo veía la cosa. Claramente el veía lo mismo que yo. A este ritmo no había forma de terminar.

En otra caminata me acompañó Ezequiel a quien le comenté lo que pensaba. El insistía en que el tiempo daba, que siguiera para adelante. Durante todo el recorrido el me había venido alentando sobretodo recordando que cada vez estábamos más cerca y que los chicos atendidos tanto de la Fundación Flexer como por las Damas Rosadas cada vez se beneficiaban más.

También vino Jorge con la misma postura.

Era una decisión difícil por todo lo que implicaba. Decidí seguir hasta Shoshone y ahí definir.

No sé cuanto tardé en llegar a la cumbre, Salsberry Pass, pero fue bastante. Por suerte seguía una bajada en la cual ya no tenía fuerza para pedalear y sacarle provecho y solo fui con la inercia.

En los últimos kilómetros hasta Shoshone, pedaleaba un poco y luego seguía con el envión. Cuando la velocidad era ridícula, volvía a pedalear y reiniciaba el ciclo.

Faltando pocos minutos para las 11 de la mañana, llegamos a Shoshone.

Hacía mucho calor y el sol estaba pegando fuerte. Conseguí un lugar a la sombra, Ezequiel buscó agua caliente y preparé una lasagna espectacular de Mountain House.

Había llegado el momento de tomar la decisión, seguir o abandonar?

Para nada fácil. Si abandonaba iba ser mi primer DNF encima el monto del proyecto solidario se vería reducido.

Por otro lado, si bien había ya cubierto más de la mitad del circuito y había pasado los picos más altos; todavía quedaban nada menos que 300 kilómetros y unos 4000 metros de trepada.

Tenía 21 horas por delante. Uno lo mira con los parámetros de los que entrenamos en la Panamericana y sobraba el tiempo pero acá la realidad era otra.

Había tardado 11 horas y media para hacer los últimos 180 km y cada vez iba más lento. El cansancio acumulado se sentía y cada vez iba a ser peor. La temperatura seguía levantando al igual que el viento.

Mis cuádriceps estaban en cero y dolían muchísimo. No estaba lesionado pero iba camino a estarlo.

Puse también sobre la mesa mi falla cardíaca congénita, valía la pena forzar la máquina en ese estado y en esas circunstancias?

Por como venía la mano, todo indicaba que de seguir me exponía a un deterioro físico mayor y con consecuencias importantes como una lesión para llegar al mismo resultado: DNF pero 5 ó 10 horas después.

Con todo lo anterior, la decisión no digo que fue fácil pero era clara.

Ya habían pasado unos 40 minutos desde la llegada a Shoshone. Le comuniqué a mi tripulación lo decidido y Ezequiel y Jorge se pusieron de mal humor. No les gustó nada. Insistían en que “solo” faltaban 300 km y que el tiempo daba. Planteado desde afuera y sin experiencia en endurance era lógico.

Jeff estuvo de acuerdo, compartió la decisión y me acompañó a comunicárselo a la organización.

525 kilómetros, más de 6000 metros de desnivel y 27 horas pedaleando habían sido suficientes para mí. Había encontrado mi límite.

Guardamos las cosas y en ese momento notamos que uno de los cables de la bici estaba a punto de cortarse. Tuve suerte.

Silbando bajito, hicimos los 300 km que nos separaban de la llegada. El tramo hasta Baker de la etapa siguiente fue con mucho viento y calor, tanto es así que me comentaron que varios tuvieron que parar y recostarse en catres con hielo y toallas húmedas para bajar la temperatura corporal. Otros con menos suerte se fueron en ambulancia.

Para nada envidiable lo que faltaba por recorrer. Muy duro y se apreciaba desde el auto. Pasamos por una “Forever climb”, imagínense lo que era!

Las trepadas y el calor no dieron descanso como tampoco el estado de la ruta.

Los últimos kilómetros en Twentynine Palms eran también en subida y lo que no pude creer hasta que lo ví era que los últimos 500 metros antes de la línea de llegada eran con una pendiente bastante jodida. Aflojen un poco!

Conclusiones

Como dije antes, yo pensaba que era un atleta de endurance por mi historial de 22 Ironman y 3 Ultraman pero me equivoqué.

Esto fue realmente endurance. El ciclismo de ultradistancia es otra dimensión. Hay que sufrirlo, no pasarlo, para entenderlo.

Para la próxima, sí o sí voy a dormir esas famosas 3 horitas. Creo que fue unos de los factores que contribuyó al DNF.

Las ingesta calórica fue la correcta. La hidratación fruto de la presión de Jeff creo que también aunque tal vez la achicaría un poco ya que en la segunda mitad tuve que parar demasiadas veces. La otra es aprender a hacer pis mientras voy rodando.

Lo ideal sería ir con dos bicicletas, una rutera y una de Tria para ir acomodándome según la etapa.

Y por último, más, más y más kilómetros arriba de la bici.

Agradecimientos

A Annie y los chicos por el aguante y las horas que les saqué. A Valeria Méndez, mi asistente, por el gran laburo que hizo y sigue haciendo atajando los penales con los sponsors y con las Damas Rosadas y la Fundación Flexer.
Por supuesto también a cada todos y cada uno de los sponsors por confiar en el proyecto y hacer su aporte solidario. Ellos son:
Total Magnesiano
Phoenix
Lab. Lazar
Roux-Ocefa
Romikin-Chemo Group
Técnica Guiraudo
Elea
Emege
Wassinton Pomadas
Roemmers
Gador
Pups
Bagó
Disprofarma
Baliarda
Andreani
CH2M Lockwood Greene
Medicus
Chutrau
Alfarma
Cam
Angel Estrada y Cía. S.A.
Estudio Berbery
Corel Capital Group
Farmacity
Riva
Laboratorios BetaClorox
S.E.S
Banco Galicia
CentraLab
Unifarma
Laboratorios Bernabó
Andrómaco
Bardahl
Casasco
Craveri
Pablo Vázquez



Furnace Creek 508 – 2010 – Primera Parte

15 10 2010

Difícil saber por dónde empezar este relato. Fue mi primer abandono sin estar lesionado, mi primer DNF (Did Not Finish). Fue mi primera carrera de ultraciclismo. Pasé mi primer cumpleaños lejos de la familia. En fin, una carrera disitinta.

Uno empieza corriendo distancias cortas y de a poco va buscando nuevos desafíos. Así pasé de las carreras de aventura al Iroman y del Ironman al Ultraman.

El camino estaba marcado y el próximo desafío venía por el ultrafondo, ya sea a pata o en bici.

Comenzando 2009 apliqué para Furnace Creek 508 (FC 508). La organización fue tan imprudente como yo y me aceptó. Después surgió mi problema congénito que comenté en detalle cuando relaté el Ultraman Hawaii 2009 y tuve que desistir.

Volví a aplicar en 2010 comentando todo lo que había pasado y me volvieron a aceptar.

Cuando preparé mi primer Ultraman no tenía parámetro para preparar el entrenamiento, sumé un poco más de kilómetros y lo terminé.

Para FC 508 tampoco tenía idea (apenas la tengo ahora) pero si sabía que el endurance se gana con el tiempo y por eso armé una agenda de carreras bien cargada como preparación y entrenamiento.

Empecé en abril con la Marathon des Sables, en julio corrí el IM Niza y el de Frankfurt en la misma semana y en agosto participé del Ultraman Canadá.

Lo anterior fue necesario pero no suficiente y como primera conclusión diría lo siguiente:

No es endurance una maratón, no es endurance un Ironman, no es endurance un Ultraman. Endurance en serio es el ultraciclismo (todavía tengo algunas secuelas físicas a dos semanas de haber corrido).

La previa

Me costó bastante conseguir una tripulación y estuve con ese tema hasta último momento. En los Ultraman como somos menos competidores, te la consigue la organización.

John Callos a quien conocí en el Ultra Hawaii 2009 y volví a ver en la Marathon des Sables, estuvo removiendo cielo y tierra entre sus amigos de California, clubes de triatlón y demás pero no pudo conseguirme nada. El además ya estaba comprometido como tripulación con otro atleta.

Faltando alrededor de un mes para la carrera me confirma Ezequiel a quien conocí por Facebook. Es argentino y vive en Los Ángeles hace diez años.

Otro que me terminó dando el OK a ultimísimo momento fue Jeff Landauer, campeón mundial de Ultraman 2006 y 3 veces finisher de FC 508 con podio. Además tiene experiencia como tripulante en RAAM, Race Accross America.

Exigen mínimo dos tripulantes pero dado que no se para de noche, sugieren 3. El tercero fue Jorge Palomino, amigo de Ezequiel. Un peruano macanudo que hace 25 años vive allá.

Tripulación lista. Solo faltaba correr aunque siempre a último momento faltan detalles, entre ellos unas luces naranjas para el auto. Yo pensaba comprarlas ni bien llegaba pero John las estuvo buscando y no las encontró por lo que me sugirió conseguirlas en BA.

Esto pasó el día que me iba y no tenía tiempo de pasar por Warnes a ver si las conseguía. Finalmente en la página de la carrera sugerían un par de negocios on-line y allá fui. Salió caro el envío over-night pero sin ellas no pasaba la inspección del vehículo.

Otro tema no menor fue el de la señalética para el vehículo, por suerte se la encargué a Alex Foresti y en 24 hs la tuve lista.

El martes 28/9 partí de BA calculando un día de margen por si me perdían la bici. El día que no me lo tome seguro que la pierden y no puedo correr.

Viaje sin problemas, en la escala confirmé que el equipaje me fuera acompañando y llegué perfecto a LA.

Pasé por la casa de Ezequiel y junto con Ale, su novia, nos fuimos a almorzar y me llevaron a comprar algunas cosas. Más tarde partí para Santa Clarita, lugar de la largada.

En el hotel ya estaban las famosas luces y también las ruedas alquiladas a Race Day Wheels. Unas clincher Zipp de carbono. Venían listas con cámaras y cubiertas pero igual las cambién por unas Continental GatorSkin para tratar de evitar pinchazos.

Jueves 30/9 por la mañana comprando encargos y por la tarde terminé de armar la bici. A la noche comí con John y Darwin Holt. Por la diferencia horaria, durante la comida me empezaron a caer los primeros llamados por mi cumpleaños.

Viernes 1/10. A ultimar detalles, señalética en el auto, etc., etc., etc., para tener todo listo y pasar tanto la inspección del vehículo como de la bici.

A eso de las 11 llegaron Ezequiel y Ale. Jeff cayó alrededor de las 2 de la tarde. Venía manejando desde Sacramento.

Pasadas las inspecciones Ezequiel y Ale volvieron para LA y con Jeff nos fuimos al briefing mientras íbamos charlando un poco sobre la estrategia de carrera. Invaluable tener a un tipo al lado que ya la había corrido 3 veces.

Un ratito antes me llaman de casa por Skype, me cantaron el feliz cumpleaños y soplé las velitas de manera digital.

Mucha gente en el briefing para el salón que consiguieron. Lo de siempre en cuanto a consejos de cómo pasar la alimentación, la obligación de parar en los semáforos y señales de Stop, etc.

De ahí a comer y a dormir.

Sigue…